Sobre los 4600 m.s.n.m se celebra uno de los mayores eventos masivos del sincretismo religioso en las faldas de la montaña Apu Shinakara, en el Cusco, llamada la Festividad del Señor de Qoyllur Ritti.
Hace algunos años me encontré entre la puna y la nieve del Ausangate, el nevado más alto del Cusco, donde se construyó una capilla, en cuyo interior encontramos al taytacha de Qoyllority o el “Señor de la nieve resplandeciente”.
Para llegar ahí, partimos de la ciudad con un sol esplendoroso, el camino tomaba una fuerte pendiente, para luego continuar por una carretera de ligera pero constante subida, que no cesa hasta los casi 4600 metros. Pero lo sobrellevamos desde la tolva de la camioneta con el paisaje que es bellísimo. El Ausangate y los nevados que lo circundan se ven imponentes y cada vez más cerca.
A pesar que los rayos del sol se posan sobre la nieve que corona el Ausangate, el frío intenso se siente, pero allá abajo millares de personas que llegan de distintas partes ponen el clima cálido a la festividad, impermeabilizando su fe, adorando a sus Apus (dioses de las montañas) y saludando la imagen milagrosa del señor de Qoylluriti. Ruegan, bailan, celebran y cantan a esta imagen implorando por una buena salud.
Y es que cada fin del mes de mayo, días antes de la fiesta del Corpus Christi, cada pueblo manda a los “pauluchas” que acuden acompañados de bailarines hasta la capilla para ofrecer sus danzas a la divinidad. Estos personajes que son intermediarios entre los hombres y el Señor Qoylloriti ascienden al nevado del Shinakara para extraer y llevar en sus espaldas bloques de hielo para purificar las impurezas de los hombres mientras rezan por un aumento de los rebaños.
El frío se aleja por algunas horas mientras el sol ilumina a plenitud tan impresionante y humana muestra de fe que rinde culto al Cristo pintado en la roca, pernotando la noche y esperando el amanecer. Con la salida del sol, la muchedumbre entera estalla de algarabía, pues, ellos saben que sus rezos fueron aceptados, los dioses están satisfechos será un buen año.
Mi retorno a Cusco vino con una peregrinación que aún no había culminado, por las calles del Hotel Libertador se sentía venir una mágica procesión que las llenaba de música y color, se avecinaba las procesiones del Corpus Christi: nuestra próxima parada!
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